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¿La morfología de las huellas del Castillo podría revelar su origen neandertal?

In Cantabria, d. Evolución humana on junio 25, 2012 at 12:17

Foto de Huella de mano de la vueva de El Castillo

La huella de una de las manos de la cueva de El Castillo (Cantabria) tiene una antigüedad de 37.000 años, según la investigación recientemente publicada en Science. Los investigadores plantean la posibilidad de que estas primeras pinturas fueran realizadas por neandertales y no por Homo sapiens como se creía, pero ¿podríamos distinguir entre la huella de un humano moderno y la de un neandertal? Los expertos en anatomía tienen la respuesta.

Esta huella sobre el “Techo de las Manos“, en la cueva de El Castillo, tiene una antigüedad de 37.000 años según la investigación realizada por un equipo internacional y publicada hace unos días en la revista Science. La nueva fecha abre una posibilidad hasta ahora no contemplada: que las primeras pinturas no fueran realizadas por Homo sapiens, sino por los neandertales que aún convivían en esa época con nuestra especie.

 

Los científicos han datado 50 pinturas de 11 cuevas del norte de España, incluyendo las cuevas de Altamira, El Castillo y Tito Bustillo, y los datos suponen retroceder 10.000 años respecto a las fechas que hasta ahora se manejaban. De entre todas las pinturas, la silueta de esta mano en el techo de la Cueva de El Castillo es la que plantea la cuestión más abiertamente. Lo que estamos viendo, ¿podría ser la mano de un neandertal? ¿Tendríamos manera de distinguirlo?

 

El antropólogo Steven E. Churchill, de la Universidad de Duke, ha estudiado con detalle la anatomía de la mano de los neandertales y cree que las diferencias serían muy difíciles de apreciar. “Aunque hay algunas diferencias importantes en la morfología”, explica a lainformacion.com, “no podrían apreciarse a nivel de la superficie externa de la mano”.

Las manos de sapiens y neandertales se diferencian en el mismo sentido que el resto de su cuerpo, nos cuenta Pedro Rasines, paleoantropólogo y prehistoriador del Museo de Altamira, quien está convencido de que no se podría distinguir entra las huellas de unos y otros. “Los neandertales tenían una estructura ósea considerablemente más robusta y en las manos sucedía lo mismo”, asegura, “pero algo tan etéreo como una huella no refleja estas diferencias con el detalle suficiente”.

Diferencias sutiles

La diferencia fundamental entre ambas manos está en las proporciones del hueso del pulgar, según Churchill, aunque los dos tienen pulgares con una longitud parecida respecto al resto de dedos. En los neandertales la falange próxima es más corta y en los sapiens es al revés, pero la combinación da como resultado un pulgar que externamente es muy parecido. “Las puntas de los dedos de los neandertales son más gordas”, explica Churchill, “pero las diferencias serían demasiado sutiles para apreciarse en una huella”.

“Los neandertales tienen generalmente manos más robustas y unas proporciones entre falanges del pulgar ligeramente distintas a los Homo sapiens”, confirma Carlos Lorenzo, que investiga fósiles de manos de los yacimientos de Atapuerca. “Esto nos permite distinguir los fósiles de mano entre ambas especies pero que serían imperceptibles en el contorno de una mano”.

Como mucho, según Rasines, se podría distinguir la huella entre ambos humanos por descarte. “Es decir”, concreta, “podríamos descartar que fueran huellas de neandertal en el caso de manos que sean muy gráciles, más esbeltas o pequeñitas. El problema es que tampoco sabemos la edad de quién puso allí la mano y podría ser de individuos femeninos o individuos infantiles o juveniles. A la hora de establecer la interpretación no hay argumentos serios”.

Para Wesley A. Niewoehner, de la Universidad de San Bernardino, en California, sí existen algunos pequeños detalles que podrían ayudar a distinguir estas huellas.  “La mayoría de las diferencias no se apreciarían”, asegura, “pero hay algunos detalles que podrían ayudar a distinguirlos: los neandertales deberían tener una palma más grande y las huellas de sus dedos, especialmente los pulgares, deberían ser más anchas”. En su opinión, la diferencia de proporciones en los pulgares quizá pudiera apreciarse en algunas huellas, aunque no se atreve a afirmar qué relevancia tendría.

-> Fotogalería: Las primeras pinturas rupestres de Europa

Y si lo que encontráramos en una cueva fueran los restos óseos de una mano neandertal, ¿podríamos identificarla por sus rasgos? “Ahí sí podríamos hacer aproximaciones fundadas”, comenta Rasines, “aunque no sería el mejor hueso para hacerlo, porque son partes pequeñas y no hay un gran archivo de referencia. Es mucho más sencillo clasificar un cráneo o un hueso largo como una tibia”, explica.

Capacidad de abstracción

Aparte de la cuestión formal, el asunto de fondo está en si los neandertales fueron capaces o no de desarrollar su propio arte, como se plantea desde hace algunos años. “Lo que habría que demostrar es que los autores de esas marcas no eran de nuestra especie”, matiza Rasines.  “Hasta ahora las manos paleolíticas que se conocían estaban dentro del intervalo cronológico de nuestra especie. Con esta cronología nueva se abre una ventana y se propone una hipótesis que habría que probar de otra manera”.

“Tampoco la morfología de la mano permite determinar la capacidad pictórica de los neandertales”, añade Lorenzo. “Es decir, no podemos distinguir a la especie autora a través de sus obras. La mano neandertal es diferente pero no es menos capaz de realizar el arte rupestre de lo que era Homo sapiens”.

Las pruebas muestran que los primeros humanos usaban dos métodos para fijar sus huellas: o bien impregnaban directamente la mano con ocre y la plantaban sobre la pared, o utilizaban una especie de aerógrafo soplando por un huesecillo como los que el equipo de Rasines ha encontrado en Altamira. Un comportamiento bastante sofisticado que no se ha probado en neandertales.

Pero, ¿para qué pintaban? El motivo último por el que los primeros hombres dejaban la huella de sus manos en las paredes de las cuevas no es más que una hipótesis. La interpretación general lo atribuye a un sentido simbólico, tal vez espiritual. Este tipo de comportamiento está atribuido con certeza a nuestra especie, pero ¿lo tenían los neandertales? “Ése es el fondo de la cuestión”, comenta Rasines, “si eran capaces de tener la capacidad de abstracción. La hipótesis que necesitaría pruebas es la de que lo realizaron los neandertales”.

vía  lainformacion.com.

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