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Un fracaso evolutivo: un animal de cuatro patas que no podía caminar

In c. Paleontología y geología on junio 28, 2012 at 12:27

Uno de nuestros más distantes antepasados, el Ichthyostega, es también uno de los primeros tetrápodos que pisaron tierra.

Hasta hace poco, se creyó que esta criatura reptaba sobre el barro en cuatro patas como una salamandra. Pero las primeras reconstrucciones en 3-D del esqueleto del Ichthyostega indican que su antebrazo no podía rotar y doblarse lo suficiente como para que el animal anduviera en cuatro patas.

El modelo también indica que las patas traseras de esta criatura apenas tocaban el suelo. En el mejor de los casos, pueden haber sostenido la parte trasera del Ichthyostega mientras el animal chapaleaba como un pez del fango de la actualidad.

“Cuando se encontraron por primera vez fósiles de Ichthyostega en Groenlandia a fines de la década de 1920, se pensó que algo con cuatro extremidades con dedos tenía que poder caminar”, recordó la paleontóloga Stephanie Pierce, del Royal Veterinary College de Londres.

“Pero ahora tenemos más especímenes fósiles, más especies, más herramientas”, comentó Pierce, coautora del nuevo estudio sobre el Ichthyostega publicado en Nature.

“Definitivamente sabemos que se movían más como un pez del barro que como los tetrápodos modernos”.

Fósiles “mágicos”

Los animales de cuatro patas con esqueleto surgieron en el agua. Sólo luego de millones de años de cambios evolutivos llegaron a la playa durante el período Devoniano.

Las primeras señales de la transición de nadar a caminar son huellas fosilizadas que datan de 390 millones de años, aproximadamente 30 millones de años antes de la primera evidencia del Ichthyostega.

Para ver de qué forma el Ichthyostega pudo haber dejado huellas, Pierce y sus colegas desarrollaron un modelo 3-D por computadora escaneando un fósil remarcablemente completo encontrado en Groenlandia apodado “Mr. Magic”. Las partes faltantes fueron rellenadas con escaneos de huesos fósiles de otros 12 especímenes de Ichthyostega.

Para comparar, el equipo también escaneó y modeló los esqueletos modernos de un cocodrilo, una nutria, una foca, un ornitorrinco y una salamandra.

“Movimos los animales de manera controlada en el modelo, y el Ichthyostega parecía ser muy diferente de sus pares modernos”, señaló Pierce. “Esto realmente resaltó el hecho de que el Ichthyostega tuvo que haber estado haciendo algo distinto con sus patas.

Semejante a un pez del barro

Análisis posteriores sugirieron que el Ichthyostega tenía un movimiento muy limitado del antebrazo y una columna rígida. El modelo también indicó que las extremidades posteriores no podían contribuir a un desplazamiento en cuatro patas hacia adelante.

Pierce y sus colegas llegaron a la conclusión que el Ichthyostega probablemente “remaba” con sus extremidades delanteras de adelante hacia atrás, desplazándose de manera muy semejante al pez del barro, también conocido como saltarín del fango, que mueve sus aletas delanteras para arrastrarse en el barro.

El paleontólogo de la Universidad de Uppsala Per Ahlberg considera que el trabajo de Pierce y sus colegas es el primero y más completo sobre la transición de los animales del agua a la tierra.

“Es una reconstrucción en 3-D realmente valiosa de un tetrápodo devoniano y uno de los primeros vertebrados terrestres”, expresó Ahlberg, que no participó del estudio. Sin embargo, discrepa con la idea de que el Ichthyostega no hacía demasiado con sus cuartos traseros.

“Tuvo que haber muchos músculos allí, y la pelvis es muy grande” especialmente comparándola con la de un pez, explicó. Esa pelvis “debió hacer algo importante o no estaría allí: el costo evolutivo es demasiado grande”.

El equipo de Pierce admite que las extremidades posteriores y la pelvis se usaban más para nadar y chapotear, los que según cree el equipo, fueron los principales movimientos del Ichthyostega. Ahlberg añadió que es probable que “la columna rígida del Ichthyostega le daría un aspecto extraño al nadar. Como si fuese un pescadito de juguete a cuerda de los que se meten en la bañera”.

Luego, Pierce y sus colegas intentaron realizar cálculos detallados de la columna y reconstruir un modelo completo y real del movimiento de esta criatura antigua.

“La tierra era un nicho ecológico abierto, libre para ser conquistado, y estos tetrápodos antiguos sabían qué hacer. Lo tenían a su disposición”, explicó Pierce. “Queremos saber cómo navegaron por este ambiente nuevo”.

vía , Diario El Día, La Plata, Argentina.

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