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Baleares. La “mudanza” del cementerio romano

In 7-Roma, Canarias y Baleares, General on febrero 16, 2011 at 20:19

Se reproducirán en su disposición y orientación original.

Los restos del cementerio de época romana hallado durante las obras del nuevo hospital de  Can Misses (Ibiza), se reconstruirán en parte y reproducirán a apenas unos metros de su emplazamiento original. De las 34 tumbas desenterradas, solo 12 podían ser desmontadas piedra a piedra para su reconstrucción. El resto de estructuras funerarias, como las sepulturas simples (cavidades sin revestimientos de piedra) se reproducirán en su disposición y orientación original.

El cementerio romano, que se utilizó desde el siglo I al IV d.C., según los arqueólogos que han efectuado la excavación del yacimiento, Joan Roig y Josep Torres, ocupaba una extensión de 140 metros cuadrados y estaba formado por 34 tumbas y crematorios de distintos tipos.

De todas estas estructuras, 12 podían ser desmontadas total o parcialmente. Las lajas de piedra que recubrían las paredes de las tumbas recuperables han sido desmontadas y numeradas para su posterior reconstrucción. En su conjunto, se trata del grupo funerario de su género (tiene estructuras tanto de cremación como de enterramiento) «más amplio, más completo y mejor conocido ahora mismo en Ibiza», según destaca el informe que los arqueólogos presentaron al Consell.

El proyecto presentado en el Consell de la ´mudanza´ de la necrópolis apunta que se respetará la dimensión y orientación original de las estructuras. La mayoría de las tumbas estaban orientadas en la línea este-oeste, lo cual, según los arqueólogos, responde a «las creencias sobre la muerte y resurrección de la sociedad que construyó el cementerio».

Los arqueólogos señalan en su informe del hallazgo que se trata de una necrópolis familiar asociada a la explotación agraria de la vid descubierta también en esta zona. Las excavaciones arqueológicas previas a la construcción del nuevo centro hospitalario pusieron al descubierto la huella de zanjas de cultivo en una extensa área de casi 6.000 metros cuadrados que fueron documentadas antes de ser eliminadas.

No se han detectado en el solar vestigios estructurales de la domus (la casa romana de familias con cierto nivel económico asociada a la parcela), pero los arqueólogos no descartan que pueda encontrarse en las proximidades.

De los restos hallados, los arqueólogos también consideran que los distintos rituales de enterramiento parecen obedecer más «a una cuestión cronológica que jerárquica», en referencia a las posibles diferencias entre señores y esclavos. En una misma cavidad, se han hallado los restos de hasta tres individuos distintos, lo que evidencia, según Roig y Torres, que algunas tumbas fueron siendo reutilizadas y se usaron como osario.

Asimismo, en la excavación de la necrópolis se desenterró un antiguo camino de época tardopúnica y romano, que constituía «un eje vertebrador», con orientación norte-sur, de los yacimientos arqueológicos hallados en Can Misses (tanto el cementerio como el cultivo de la vid). Se conservaba un tramo de 76 metros del camino con una anchura de entre 2,15 y 2,50 metros. Aparecieron las marcas de las ruedas y restos de dos muros que lo flanqueaban.

Las tumbas de incineración secundaria (siglo II d. C.) donde se depositaban las cenizas eran pequeños orificios en la tierra o la roca. La mayoría se eliminaron durante el proceso de excavación del yacimiento. Previamente fueron documentadas, lo que permitirá su reproducción en el nuevo emplazamiento. Dentro del mismo grupo de estructuras funerarias han aparecido cinco ustrinas. En su informe, los arqueólogos explican que se trataban de estructuras excavadas en el suelo con planta rectangular u ovalada, cuyas paredes han aparecido quemadas y alteradas por la acción del fuego. En estos orificios se colocaba la pira funeraria con el difunto. Al acabarse la combustión, las familias recogían meticulosamente las cenizas para depositarlas en las tumbas de incineraciones secundarias situadas al otro lado del camino. De las cinco ustrinas desenterradas, los arqueólogos consideran que solo se pueden reproducir dos, «las más grandes y mejor conservadas».

Los enterramientos de los cadáveres (inhumaciones) se llevaban a cabo en fosas simples o cistas (siglo III-IV d.C.). La diferencia de ambas tipologías estriba en si disponen o no de lajas de piedra de arenisca recubriendo sus paredes internas. Ambos tipos estaban originalmente cubiertas por diversas losas de piedra. Muchas de estas tapas se habían perdido, ya sea por la reutilización de la piedra en los bancales de la zona o el expolio de los sepulturas desde época antigua, según explican los arqueólogos. El proyecto señala que se pueden reproducir estas tumbas añadiendo sus cubiertas.

vía Diario de Ibiza.

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