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La Celtiberia se pone de moda

In -Actividades de dinamización, 6-Prerromano, 7-Roma, Castilla la Mancha on marzo 7, 2011 at 20:59

Lo que los romanos denominaron Celtiberia se gestó en la comarca de Molina de Aragón.

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La Mesa de Desarrollo Rural constituida en el marco de la Ley de Desarrollo Rural para la zona de Molina, contempla el impulso turístico de la Celtiberia como uno de los proyectos a llevar a cabo, y además,  la Asociación de Desarrollo Rural, ADR-Molina de Aragón Alto Tajo está integrada en uno de los proyectos de cooperación nacional de la Red Rural Nacional,  “Paisajes de la Celtiberia, 2.0”,  para dinamizar  y promocionar el espacio de la Celtiberia en todo el territorio español, para lo que se está elaborando una ruta y un estudio de accesibilidad.

La Celtiberia de la comarca de Molina de Aragón es Celtiberia nuclear. En efecto,  fue en las tierras que siglos más tarde conformarían el Señorío de Molina donde se gestó esta cultura a la que los romanos dieron nombre e identificaron con las regiones que se extendían desde el valle del Ebro hasta la cabecera del Duero, y que en nuestra provincia se identifica con las Parameras de Molina y Sigüenza.

La Celtiberia nació en la comarca de Molina y aquí es donde mayor es la densidad de poblamientos, según el director del yacumiento de Peña Moñuz, en Olmeda de Cobeta, Jesús Arenas, nada comparables en número a los registrados en otros lugares de la Meseta Oriental.

En Molina se fraguó esta cultura prerromana que se remonta al siglo VII y sobrevivió hasta el II a. C., y también, desde los años 80, se realizaron aquí las primeras excavaciones arqueológicas, “las que más datos están aportando de toda la edad de Hierro del interior peninsular”, continúa el arqueólogo.

Y es que cuando más están en boca de todos conceptos como desarrollo rural, turismo cultural o recuperación del patrimonio, en la comarca de Molina se cierra el círculo en torno a estos vestigios de los pobladores prerromanos de la zona.

La apuesta hacia la recuperación de la Celtiberia es clara como lo demuestran las múltiples campañas estivales que se desarrollan en la zona desde hace ya tres décadas, o el reciente inicio del expediente para declarar Bien de Interés Cultural (BIC) dos de los yacimientos más significativos: el de Los Rodiles en Cubillejo de la Sierra y Peña Moñuz en Olmeda de Cobeta, que se unirán al ya declarado BIC castro de El Ceremeño en Herrería.

Estos tres yacimientos, unidos al de Castilgriegos, que se está excavando en Checa, deja la mesa servida para elevar la Celtiberia como otro de los pilares sobre los que sustentar el desarrollo rural de una comarca en peligro de extinción: “Tenemos cuatro yacimientos, cada uno distinto y todos ellos muy monumentales.

Es un patrimonio que tenemos, que estamos recuperando y poniéndolo a disposición de la sociedad y eso es muy importante”, apunta Jesús Arenas.

La Mesa de Desarrollo Rural constituida en el marco de la Ley de Desarrollo Rural para la zona de Molina, contempla el impulso turístico de la Celtiberia como uno de los proyectos a llevar a cabo, y además,  la Asociación de Desarrollo Rural, ADR-Molina de Aragón Alto Tajo está integrada en uno de los proyectos de cooperación nacional de la Red Rural Nacional,  “Paisajes de la Celtiberia, 2.0”,  para dinamizar  y promocionar el espacio de la Celtiberia en todo el territorio español, para lo que se está elaborando una ruta y un estudio de accesibilidad.

En este sentido, María Luisa Cerdeño, directora de las excavaciones de Los Rodiles, recuerda que ya hace varios años el profesor Francisco Burillo de la Universidad de Teruel emprendió el proyecto denominado Ruta Celtibérica con la finalidad de “ofertar una ruta cultural-arqueológica, jalonada por los yacimientos más significativos, que contribuyera a la dinamización de estas comarcas deprimidas”, afirma.

Sobre los yacimientos BIC

Todo está dispuesto y dos yacimientos más contarán con la máxima figura de protección, lo que supone, según Cerdeño, “que se trata de yacimientos protegidos y que toda actuación que se realice debe ser autorizada por la autoridad competente” lo que además “impedirá agresiones culturales y ambientales como, por ejemplo, la instalación en esos terrenos de postes eléctricos, molinos de viento, la apertura de zanjas, etc… que pudieran suponer la destrucción de los vestigios conservados”. Asimismo, el ámbito de protección se extiende al entorno, lo que en el caso Peña Moñuz tiene una importancia notable, según Arenas, ya que el yacimiento se encuentra en el entorno de la Dehesa de Olmeda, un bosque de robles centenarios que destaca por ser uno de los mejor conservados de la provincia.

Del yacimiento de “Los Rodiles” en Cubillejo de la Sierra es digno de mención su tamaño, de más de 5 hectáreas, que cobijaban a unos 200 pobladores cuando lo más habitual es que este tipo de poblados no albergara a más de 50; además de sus importantes fortificaciones, su desarrollo urbano y su secuencia estratigráfica “como un auténtico lugar que fue capaz de articular el territorio circundante en los últimos siglos de la Celtiberia”, aclara Cerdeño. A esto  habría que añadir su buen estado de conservación.

Se estructura en torno a tres círculos concéntricos, el más amplio cierra un espacio de 5 hectáreas, el segundo de tres hectáreas y el más interior, de dos hectáreas: “El recinto interior es el que albergaría al grueso de la población”, comenta Cerdeño.

Los trabajos en la zona arrancaron en 2006 y dieron testimonio de la importancia de este yacimiento y la monumentalidad de su sistema defensivo. Fruto de las campañas de excavación que empezaron en 2007, se descubrió una torre adosada a la muralla, en su ángulo sureste, con unas dimensiones de 11 metros de largo, siete de alto y una altura de cuatro metros conservados, así como el recorrido de la muralla por la vertiente sur que sobrepasa los 100 metros lineales, y de una nueva torre en el ángulo Noreste, que completa el recorrido de toda la fortificación por la vertiente este. Asimismo se ha comenzado a perfilar el diseño urbanístico en  el centro de la acrópolis donde ya ha sido descubierta una de las viviendas o talleres.

Peña moñuz en olmeda

El yacimiento de Peña Moñuz, en Olmeda de Cobeta tiene una extensión de 900 metros cuadrados, es decir, 0,3 hectáreas y podría tener una población no superior a los 50 habitantes. Lo que convierte a este yacimiento en excepcional, apunta Arenas, es su sistema defensivo, “un complejo monumental que sí que es exclusivo en la comarca de Molina y sólo existen tres casos en todo el oriente de la meseta : uno sería éste, otro el de Hocincavero de Anguita y el otro es el de Castilviejo de Guijosa en Sigüenza”, afirma.

Se trata de un sistema defensivo múltiple cuya parte exterior estaría formada por piedras hincadas, para evitar que suba la infantería y la caballería; hacia el interior habría un foso solado en la roca, que en el caso de Olmeda tiene cinco metros de anchura y una media de 1,80 metros de profundidad, y se completaría con una muralla de piedra que en Olmeda “es absolutamente excepcional porque en algunos tramos se conserva hasta cuatro metros de altura”.

La muralla tiene tres metros de grosor y la cara externa está coronada por tres torres monumentales. La entrada también goza de una gran monumentalidad, según Arenas, quien además señala que no es habitual en la Edad de Hierro: “Esa arquitectura defensiva no es celtibérica, es de tipo íbero.

Aún no sabemos por qué, pero alguien vino desde la costa de Levante, o hubo unos contactos culturales lo suficientemente intensos como para importar ese tipo de arquitectura”, señala. La entrada abriría un pasadizo en la muralla con una estructura para defender el acceso.

Arenas explica que la estructuración del yacimiento sería similar al castro de El Ceremeño en Herrería con las viviendas adosadas en hilera a la muralla, “en lo que se diferencia es en su monumentalidad” y añade que las torres tendrían un grosor similar a las del castillo de Molina.El director de las excavaciones de Piedra Moñuz espera que el yacimiento pueda estar abierto al público dentro de tres años.

Peña Moñuz sufrió dos incendios, el último durante las guerras celtibéricas

El yacimiento de Peña Moñuz en Olmeda de Cobeta se fundó en el siglo V y se abandonó en el siglo II a. C. Tiene una extensión de 900 metros cuadrados, es decir, 0,3 hectáreas, por lo que “más que poblado tendríamos que hablar de fortaleza”, apunta el director de la excavación, Jesús Arenas.

A lo largo de su vida sufrió al menos dos incendios: “Cada vez que excavamos un poblado de la Edad de Hierro, tanto en Molina como en otras zonas de interior, nos encontramos un incendio”, comenta Arenas. “A veces es muy difícil saber a qué se debe, porque puede deberse a un ataque o también a que esos edificios eran de adobe y de techumbre vegetal de paja y ramas (…) Esta gente cocinaba en el suelo en un espacio separado que era el hogar, por lo que los fuegos tenían que ser muy frecuentes”, aclara. El primero de los incendios tenía lugar en el siglo III.

Posteriormente se reconstruye hasta que en el siglo II se produce un nuevo incendio “y entonces es cuando se abandona definitivamente. Es posible que esté relacionado con un acto bélico, porque coincide con el momento en que los romanos llegan por primera vez a esta zona de la península a conquistar. Digamos que ese incendio coincide con el inicio de las guerras celtibéricas en el 189 a.C.”, apunta.

—Las campañas—

El yacimiento de Orea se descubrió en el año 2005 e inmediatamente comenzaron las campañas de excavación. Desde ese momento, por el yacimiento han pasado unos 50 peones y una decena de técnicos.

Tal y como explica el director de las excavaciones, hasta el momento se ha trabajado en algunas casas y en un edificio situado en el centro de la acrópolis: “Curiosamente no parece un edificio que haya servido fundamentalmente para vivir. No quiero decir que no hayan vivido, pero el espacio interno no es el habitual”, indica Arenas.

En esa estructura se han hallado hornos para cocer pan, vasijas de cerámica para guardar cereal y molinos para molerlo, “con el incendio se quedó todo en su sitio y eso es muy importante, porque en definitiva, nos permite reconstruir las formas de vida de esa gente”, explica. Arenas indica que las labores de excavación y restauración se realizan de manera simultánea.

vía PERIÓDICO DIGITAL DE CASTILLA LA MANCHA.

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