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Nicholas Carr.La mente humana sometida a internet retrocede en su camino evolutivo

In -A debate, II-Nuevas tecnologías on mayo 12, 2011 at 20:09

Las nuevas tecnologías moldean psíquica y físicamente nuestro cerebro.
Nicholas Carr

Sin duda, nadie usa la palabra “amigo” de la misma forma que antes de Facebook, o entiende por una “búsqueda” algo tan rudimentario o inhóspito a como podía resultarnos antes de Google -¡pobre Sherlock Holmes! Nuestra vida cambia a medida que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han ido cambiando nuestra manera de vivir.

Y esa es una evidencia a la que cada día nos enfrentamos de forma más clara, más indudable y, sobre todo, más contundentemente.

Desde hace más de una década, las nuevas tecnologías son un tema principal en las más completas estanterías y bibliotecas. Prácticamente cualquier persona conoce un autor, un libro, una referencia, o una idea relativa a cómo las nuevas tecnologías, a partir de los avances producidos en la mitad de la década de 1990, han transformado radicalmente la forma en que nos relacionamos, en la que contactamos con nuestras amistades, buscamos a nuestra media naranja

Quizás sea por la magnitud que, a estas alturas, están tomando los cambios de la vida social impulsados por las nuevas tecnologías que, cada vez más, comienza a ser habitual una nueva ola de libros sobre internet. Ya no se trata de reflexionar sobre cómo Gates o Jobs comenzaron sus fortunas en un garaje, o hasta donde llega el ansia de acumular datos personales de Facebook o Google, o de cómo hacernos ricos en la red. Estas obras de nuevo cuño reflexionan sobre su impacto físico y psíquico en nosotros, en cómo las nuevas experiencias ofrecidas por internet traen consigo nuevas necesidades fisiológicas, a las que nuestro cuerpo se adapta, y sus consecuencias en el medio y largo plazo.

Y no, no estamos hablando del supuesto efecto cancerígeno de las antenas móviles, ni del sobredesarrollo del dedo con el que cada quién envía sus SMS. Nos estamos refiriendo a cómo nuestra relación con la vida a través de internet está cambiando nuestro cerebro, nuestra mente, nuestra forma de procesar la información, comprender el mundo y vivir la vida.

Unos cambios que pueden parecer baladíes o poco evidentes, pero que sí pueden estar poniendo los cimientos para una nueva humanidad, más adaptada a soportar información fugaz en una pantalla que a analizarla, más preparada para leer rápidamente el titular que para escudriñar en la validez y veracidad de las cosas, más dispuesta a creer a determinadas fuentes de producción de noticias que a definir su propia visión sobre cómo son las cosas. En definitiva, más propensa a demoler su espíritu crítico, substituyéndolo por la más banal actualización.

Este es el mensaje principal de un ensayo interesante, valiente y necesario.

En ‘Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?’ (Taurus, 2011, a la venta en FantasyTienda), Nicholas Carr desarrolla más en profundidad un artículo en su día revolucionario en la red: “¿Google nos vuelve estúpidos?”. Ahora los últimos capítulos profundizan más en su argumento primigenio: la confianza en que cualquier información estará en Google, que el buscador será capaz de resolver cualquier duda o pregunta en cuestión de milésimas de segundo –más rápido y mejor según se vaya depurando el algoritmo que lo mueve, hará desaparecer antes no sólo nuestra ansiedad por el dato necesario, sino también nuestra necesidad por utilizar la memoria. Recordar es menos imprescindible pues, si antes evitaba el engorroso proceso de búsqueda al que antes aludíamos, tanto ha mejorado ahora aquel proceso que ya está en condiciones de reducir nuestra dependencia del recuerdo.

Carr se alarma cuando se pregunta, ¿qué humanidad es aquella que vive su vida sin memoria (sin historia), y sin recuerdo (sin lecciones aprendidas)?, ¿qué futuro puede esperar a un ser humano que camine en esta dirección, destemido y confiado ante herramientas dotadas por él de una omnímoda verdad, veracidad y fiabilidad?, es más, ¿a quién, además de a internet (o a Google) le confiamos tamañas capacidades? Posiblemente, a nadie.

Ahora añade nuevos argumentos y nuevas ideas, con una primera y potente demostración que a todos los lectores nos debería hacer pensar: la experiencia con las nuevas tecnologías (algunas) moldea nuestra experiencia y, con ella, la configuración física y las posibilidades psíquicas de nuestro cerebro; uno de los órganos más maleables a la experiencia evolutiva humana (la plasticidad de la mente).

Al final de toda esta serie de cambios está nuestra personalidad, nuestra conciencia, nuestra forma de ser… moldeada para una nueva forma de procesar y comprender la información.

Y ¿cómo es esa nueva forma de relacionarnos con la información? Desde la invasión que internet y los ordenadores portátiles han realizado de las bibliotecas, donde la búsqueda o el estudio a través de los libros han quedado cada vez más relegados a la búsqueda o el estudio entre libros, la fuente de la información ha perdido la solidez de las tapas y/o las páginas, para adoptar la forma etérea de la web (desde los ebook hasta los archivos web).

Donde la información aparece y desaparece, se transforma, se deriva, se adiciona a otros procesos de creación de nueva información… con la velocidad de un suspiro. Allí accedemos a todo lo que pretendemos veraz, al mismo tiempo que somos plenamente conscientes de su fugacidad; confiamos en encontrar cualquier información necesaria, mientras nosotros mismos contribuimos (somos parte inherente) del sistema de construcción wiki de nueva información.

En términos experienciales, internet ha reducido nuestros tiempos de exposición o la duración pública de la información, con una información constantemente renovada e insistentemente necesitada de nuestra atención.

Esa información compite, además, con otras informaciones de diversa naturaleza. La ansiedad por una actualización constante, por ser capaz de seguir el ritmo al que se suceden los acontecimientos, distrae la necesidad de análisis o de comprobación… hasta que cualquier atisbo de sospecha se haya perdido en el tiempo (mente malabarista). La autoexpresión de una personalidad atada por exigencias cada vez mayores acelera, además, la necesidad de actualización…

La mente humana, expuesta constante e incansablemente a este ritmo, afirma Carr, retrocede en el camino evolutivo. La personalidad regresa hacia gustos y opiniones más planas, carentes de un rico tapiz de matices, mermadas en cuanto a sus mecanismos de construcción.

Las advertencias de ‘Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?’ (Taurus, 2011) llegan en un momento especialmente adecuado, cuando las redes sociales parecen evolucionar hacia formas capaces de potenciar todos los procesos y capacidades sobre cuya imposición Nicholas Carr nos alerta. Es el momento de usar este libro como advertencia y reflexión pues, como en cualquier camino, todo es evitable si se revierte antes de llegar a su final.

vía Critica

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