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A esta tortuga se la comieron unos burgaleses hace más de un millón de años.

In b. Arqueología, c. Paleontología y geología on agosto 11, 2011 at 15:33

Fragmento de caparazón de tortuga con marcas de corte.


Los primeros que habitaron Europa, en concreto en la Sierra de Atapuerca (Burgos) habían incorporado las pequeñas tortugas a su menú hace ya cerca de 1,2 millones de años. Los restos de aquellos banquetes, en los que también había carne de cérvidos y bóvidos, han sido localizados en el yacimiento de la Sima del Elefante, en las últimas campañas.

Los paleontólogos que trabajan en este enclave, dentro de la Trinchera del Ferrocarril, a lo largo de los años han encontrados un total de 75 restos fósiles de quelonios. Estaban en casi todos los niveles excavados, desde los más modernos a los más antiguos, pero sólo en dos (el t14 y el T11), hace más de un millón de años, los fósiles tenían arañazos que indican que fueron manipulados con utensilios de piedra, las llamadas marcas de corte, como publican en la revista ‘Journal of Human Evolution’

Ruth Blasco, investigadora del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), firmante principal de este trabajo, recuerda que en la Sima del Elefante han aparecido los fósiles de humanos más antiguos hallados en el continente, cuya especie aún está por determinar.

“Hasta ahora los análisis se habían centrando en animales grandes, como ciervos y caballos, como presas de los homínidos primitivos, pero también cazaban animales más pequeños. Lo que pasa es que si cazaban un conejo, no necesitaban cortar la carne y no dejaban marcas, por lo que es más difícil probar su consumo”, explica Blasco a ELMUNDO.es

De hecho, en los yacimientos de estas cronologías los restos de fauna pequeña, como pájaros, roedores, ranas o tortugas, son frecuentes, aunque se han atribuido a acumulaciones naturales o a que habían sido dejados por otros carnívoros o aves rapaces dentro de las cuevas.

Sin embargo, al estudiar en el laboratorio los restos de caparazones encontraron unas señales que indica que habían rebañado o rascado la carne y las vísceras de estos animales, por otro lado muy fáciles de capturar, para su consumo. También había restos consumidos de un conejo y un pájaro.

Los restos de tortuga, según ha podido determinar el Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) pertenecen a la especie ‘Testudo hermanni’ (tortuga mediterránea de tierra) y un galápago (‘Emys orbicularis’). Ocho de los fósiles de ‘T. hermanni’, con más de un millón de años, tienen marcas de manipulación humana en la cara interna del caparazón. Eran animales que no pesaban más de 200 gramos y medían entre 15 y 20 centímetros, pero que ayudaban al aporte proteínico tan importante para el cerebro.

Novedad en la dieta europea

En Europa el consumo de tortugas no se ha identificado en ningún otro yacimiento del Pleistoceno Inferior. Si que se conocen casos similares, de la misma época, en África. En concreto en los yacimientos del este del lago Turkana (Kenia), donde se documentó también el consumo de cocodrilos y otros recursos acuáticos.

Más recientemente, si se ha localizado el consumo en otros lugares. En Europa, en la cueva de Bolomor (en Valencia), donde en un nivel de hace 120.000 años se encontraron restos de tortuga con marcas y quemados, lo que indica que los neandertales que las cogieron, las asaron antes de comerlas.

En otros muchos lugares si se han encontrado fósiles de quelonios del Pleistoceno Inferior (hace entre 2,5 y 780.000 años, pero sin marcas. Es el caso de la Gran Dolina (TD-6), también en Atapuerca; Vallparadís (Terrassa), Fuente Nueva 3 y Barranco León (en Orce, Granada), Pirro Nord (Foggia, Italia), Grotte du Vallonet (Alpes-Maritimes, Francia) y Lézignan-le-Cèbe (Hérault, Francia).

Dada la pequeña cantidad de fósiles recuperados en la Sima, no parece que comer tortuga fuera muy habitual entre aquellos humanos primitivos, aunque Ruth Blasco destaca que su presencia se repite en dos niveles, de dos ocuapciones diferentes. “Eran animales que estaban dentro de los recursos potenciales de los homínidos de Atapuerca y que formaban parte de la dieta humana desde momentos muy antiguos”, señala.

vía elmundo.es.

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