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Luis Cabo: “Las dataciones de Lillo casan muy bien con su construcción en la primera mitad del IX”

In 8-Otros períodos, Asturias on enero 5, 2012 at 21:11

Luis Cabo, en su despacho del Mercyhurst.

El científico ovetense Luis Cabo, director del laboratorio forense y de bioarqueología del Mercyhurst Archaeological Institute, en Pensilvania, y autor de varios artículos sobre el carbono 14, una de sus líneas específicas de trabajo, reflexiona sobre las recientes dataciones de la iglesia prerrománica de San Miguel de Lillo. «El carbono 14 no dice cuándo se levanta el templo, fecha la formación de la madera que origina los carbones»

Cabo, que se trasladó a Pensilvania hace una década, es licenciado en Biología por la Universidad de Oviedo, donde participó en la investigación de varios yacimientos arqueológicos y paleontológicos, entre ellos en el estudio antropológico de los restos neandertales de la cueva de Sidrón (Piloña). También colaboró en la datación de distintas muestras procedentes de las excavaciones del Chao Samartín, en Grandas de Salime.

 

-¿Las recientes dataciones con carbono 14 de San Miguel de Lillo que ofrecen fechas anteriores a la construcción son fiables?

 

-Totalmente. Las tres fechas tienen desviaciones típicas muy bajas y parecidas entre sí, y nada parece sugerir la presencia de contaminaciones u otros problemas similares. Otra cosa es que contradigan las fechas históricas tradicionales. Creo que el desconcierto generado tiene que ver con una interpretación errónea tanto del método de datación radiocarbónica como del arqueológico. Las fechas de los carbones de los morteros analizados no nos dan el momento de la construcción, sino del período en el que se formaron las maderas que constituyen esos carbones, que tienen por fuerza que ser anteriores a la construcción del edificio. Ni siquiera nos dan la fecha de muerte del árbol, sino la de formación de los anillos de crecimiento.

 

-Por lo tanto las fechas hablan de un momento anterior a la construcción.

-Eso es. Están centradas en un período anterior, y eso no sólo no es problemático, sino que es lo usual y precisamente lo que se espera de este tipo de materiales. Es una propiedad bien conocida y documentada de las muestras de este tipo de elementos biológicos (sobre todo carbones y conchas marinas) que se denomina in-built age (de forma muy laxa, podríamos traducir el término como «edad pre-existente»).

 

-¿Entonces no hay ningún motivo para poner en duda las fechas del templo?

 

-No, si lo hacemos basándonos en estas dataciones. Si hay otras hipótesis, basadas en otro tipo de evidencia, el carbono 14 puede servir para apoyarlas o ayudar a desmentirlas, pero estas dataciones en sí no están fuera de los rangos de edad esperados para una construcción de la primera mitad del siglo IX. Desmentirlo requeriría mucho más estudio. Ya sabemos que los materiales son más antiguos que el edificio, y que las maderas van a dar fechas centradas en períodos anteriores. Tardan décadas en crecer y los árboles de más edad tienen una mayor probabilidad de dejar carbones, simplemente porque tienen secciones más anchas. En este caso, los límites superiores de las fechas obtenidas están muy próximas o se solapan completamente con la fecha atribuida históricamente al edificio, con lo que no parece haber ninguna contradicción.

 

-¿Lo más correcto es mantener la edad histórica para San Miguel de Lillo?

 

-Sí. Con estos materiales simplemente no sería posible en ningún caso demostrar que el edificio es más antiguo porque, como explicamos anteriormente, no son los apropiados para ello. Pero es que, además, en mi opinión las fechas obtenidas casan de hecho muy bien con la construcción en la primera mitad del siglo IX.

 

-Si las dataciones radiocarbónicas no nos pueden dar la fecha de construcción del edificio, ¿qué aportan?

 

-Son muy importantes e interesantes. Tenemos que felicitar al equipo que las identificó y las extrajo porque no es tarea fácil y requiere un examen muy meticuloso para darse cuenta primero de que ahí hay material datable, y después extraerlo y tratarlo adecuadamente. La edad de esos carbones no nos puede dar la fecha exacta de construcción del edificio, pero sí la fecha máxima de edificación (no puede ser anterior a los materiales que se utilizaron) y, combinadas con otras fechas y estudios, también algunas pistas sobre las distintas etapas de construcción y remodelación.

 

-¿Qué otra información revelan?

 

-Uno de los aspectos que se han destacado de estas fechas radiocarbónicas es su homogeneidad y bajas desviaciones típicas (rango de error), lo que parece indicar que se usaron maderas bastante homogéneas y próximas cronológicamente, que sugeriría un esfuerzo de construcción bien planificado, intenso y relativamente breve. Si esta dinámica se mantuvo en remodelaciones posteriores, abre la posibilidad de identificar la secuencia de diferentes episodios de construcción, aunque para esto necesitaríamos muchas más dataciones y un diseño de muestreo muy cuidado.

 

-¿Deberíamos seguir investigando?

 

-Si estamos discutiendo la interpretación de las fechas es porque las tenemos y nos sirve para darnos cuenta del interés del tema y de todas las hipótesis e información que podemos obtener. Necesitamos más información y merece la pena seguir trabajando en esta línea.

vía La Nueva España

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