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Españoles hallan en Siria los posibles primeros “indicios de diferenciación social” hace 13.000 años

In 1-Paleolítico, a. Prehistoria, b. Arqueología on febrero 17, 2012 at 14:20

INVESTIGANDO. Trabajos de excavación en 2010 en Qarassa 3, un poblado de hace 13.000 años cercano a Sweida, en el sur de Siria.

El 18 de marzo de 2011, miles de sirios salieron a las calles de Derá para protestar contra la dictadura de Bashar al-Assad, que heredó el poder de su padre en 2000 sin pasar por las urnas. Por toda Siria ardieron aquel día los símbolos del poder, desde los tribunales de justicia a las sedes del Partido Baath, que ostenta el monopolio político.

La raíz de esta supremacía de unos pocos, y de todos los abusos de poder que existen en el mundo, podría encontrarse a tan sólo 40 kilómetros de Derá, en el yacimiento de Qarassa 3, donde un grupo de arqueólogos españoles cree haberse topado con “los primeros indicios de diferenciación social humana”.

Hoy, Qarassa 3 es un montón de piedras en un secarral en el sur de Siria. Pero hace 13.000 años allí había un poblado de 12 cabañas, donde unas 50 personas se dedicaban a pescar percas, machacar trigo silvestre para hacer tortas, cazar conejos y recolectar raíces y frutos. Todavía eran grupos de cazadores-recolectores, pero empezaban a coquetear con la agricultura y la ganadería. En aquellas pocas casas, y en las de otros poblados similares, comenzó el experimento que cambió para siempre la organización social del ser humano. Tras más de dos millones de años de caza y recolección, la humanidad empieza a domesticar las plantas y los animales. Nace la agricultura y la ganadería, los oficios. Todo se complica y nacen las leyes. Y con ellas los que las dictan y los que se ocupan de que se cumplan. Nace el verdadero poder.

Lo sorprendente, explica el responsable de la excavación, Xavier Terradas, es que dos de las cabañas muestran un nivel de complejidad superior al resto. “Podemos encontrarnos ante un liderazgo incipiente”, apunta el arqueólogo, investigador de la Institución Milá y Fontanals, del CSIC. Todas las relaciones complejas de poder, desde las monarquías hasta los trabajadores chinos explotados en condiciones penosas para fabricar teléfonos móviles, podrían haber nacido en este secarral hoy conmocionado por la revuelta siria.

El poblado de Qarassa 3 pertenece a la cultura natufiense, que se extendió desde el río Éufrates hasta lo que hoy es Egipto hace entre 14.000 y 9.000 años. Jericó, en la actual Cisjordania, fue en su momento una aldea natufiense. Y esta cultura también realizó la primera estatuilla de dos personas manteniendo relaciones sexuales, la conocida como Los amantes de Ain Sakhri, una talla de calcita encontrada por un beduino en una cueva cercana a Belén. Lo excepcional de Qarassa 3 es que está casi tal cual. Es como una fotografía de un poblado natufiense. “Por primera vez hemos podido estudiar un poblado completo, como si estuviera fosilizado”, señala Juan José Ibáñez, también de la Institución Milá y Fontanals.

Las 12 cabañas, de las que han desaparecido las techumbres vegetales pero se conservan las bases de piedra de sus muros, hablan a quien sabe escucharlas. Todas son circulares, de entre 12 y 16 metros cuadrados, pero dos de ellas, en la zona meridional del poblado, han llamado la atención de los investigadores. Una presenta paredes internas y una plataforma elevada. En la otra destaca una fosa y dos plataformas exteriores asociadas a la puerta de entrada. Para Terradas, esta estructuración del espacio interior es “un hallazgo clave en la historia de la arquitectura”.

Un grupo de 50 personas que empezaba a abandonar el nomadismo necesitó crear nuevas reglas, así que en aquellas cabañas exclusivas pudo vivir una especie de protoalcaldes o protorreyes, pero todavía es muy pronto para asegurarlo. “Podemos estar ante una jerarquización social o ante espacios que se destinaban a un uso específico, a un artesanado incipiente”, concede Terradas.

Los investigadores del CSIC excavaron el yacimiento en 2010. Tenían previsto volver en mayo de 2011 para confirmar sus primeras hipótesis, pero estalló la revuelta siria y se quedaron sin permisos. Ahora, el yacimiento está abandonado y sin vigilancia, en un país sumido en el caos y con otras prioridades muy por delante de la investigación del periodo Epipaleolítico. “Para los pastores de la zona, Qarassa 3 sólo es un montón de piedras, pero puede sufrir un expolio. Como se ha visto en Irak, cuando hay un conflicto sufren las personas y sufre el patrimonio”, lamenta Ibáñez.

Este arqueólogo cree que en Qarassa 3 empieza a nacer “una organización social compleja y una cierta autoridad, pero todavía se desconoce si fue individual o colectiva”. Para Ibáñez, “todavía no es posible hablar de privilegios o de poder, pero sí de diferentes papeles en un grupo que empezaba a requerir decisiones complejas”.

Aplausos y escepticismo

Eudald Carbonell, director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, acaba de regresar de una visita a los poblados natufienses de Israel. Carbonell también ha documentado una estructuración del espacio en el Abric Romaní (Capellades, Barcelona), ocupado por grupos de decenas de neandertales hace 55.000 años.

A su juicio, en este y otros yacimientos mucho más antiguos que el de Qarassa 3 “ya se comienza a vislumbrar una diferenciación social, pero en los poblados natufienses empieza a ser evidente”. El investigador catalán, que no participa en la excavación del yacimiento sirio, aplaude las propuestas de Ibáñez y Terradas. “Estas interpretaciones nos sirven a todos para avanzar en los procesos de análisis”, añade.

El investigador Ignacio Márquez, que ha estudiado en Siria la necrópolis bizantina de Tall as-Sin, del siglo VI, y la ciudad de Tall Humeida, de 5.500 años, es más escéptico con las conclusiones de los arqueólogos de Qarassa 3. “Ojalá den la campanada, pero no parece que tengan indicios sólidos como para concluir que allí había diferenciación social”, opina.

Para Márquez, experto en leer inscripciones antiguas del Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo, también del CSIC, habría que esperar a yacimientos como el de Çatalhöyük, en Turquía, para hablar de “una verdadera separación de poder y clases sociales”. Çatalhöyük fue, hace unos 7.000 años, uno de los primeros centros urbanos de la historia, con más de 5.000 habitantes. Pero incluso en esta primera ciudad todavía se discute si existieron clases sociales, ya que no se han encontrado viviendas especialmente pomposas. “Y entre Qarassa 3 y Çatalhöyük pasaron miles de años”, subraya Márquez

vía Público.es.

Información actualizada en http://www.facebook.com/pages/Arqueologia-Paleorama-EnRed

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