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Alfredo Jimeno desde Numancia: «La arqueología debe contestar a las preguntas del presente»

In -A debate, b. Arqueología on febrero 26, 2012 at 19:02

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Entrevista a Alfredo Jimeno, Arqueólogo y responsable del yacimiento de Numancia.

Soriano. Arqueólogo. Profesor titular de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado una amplia labor investigadora, centrada en la Protohistoria de la Meseta, desde la Edad del Bronce hasta la romanización. Ha escrito una decena de libros y más de cien artículos. Es el director del Plan Arqueológico de Numancia, para la investigación, difusión y puesta en valor de este histórico yacimiento.

 

Poco antes de que el sol atraviese el meridiano, la Facultad de Geografía e Historia está tan vacía como las urgencias de un hospital durante una final de la Copa de Europa. Un bedel con pinta de veterano, de esos que manejan maneras de catedrático e hicieron la mili en Flandes, nos cuenta que hay exámenes. Con este panorama, sin estudiantes que alegren nuestra agenda de teléfono y rodeados por un silencio algo inquietante, nos reunimos con el arqueólogo Alfredo Jimeno, profesor titular de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid y responsable del Plan Arqueológico de Numancia. La entrevista tiene lugar en su despacho, a esa hora en que el día parece estirarse:

«Me considero investigador y docente, pero no sé cuál de ambas categorías tiene más importancia. Las dos están estrechamente unidas. En mi caso, resulta bastante difícil no poder comunicar lo que voy conociendo».

Ambas se necesitan. 

En efecto, la docencia también me ayuda a estar al día. Y la investigación contribuye a trasladar un conocimiento a la sociedad a través del alumnado. De hecho, algún año que cogí sabático tenía «mono» de docencia.

Se dice que los alumnos de hoy son peores que nunca. Pero esta queja se escucha desde la Academia de Atenas… 

Lo cierto es que tener cada año un alumnado nuevo te rejuvenece, te renueva, incluso para saber qué se cuece entre los jóvenes. Ahora llegan con otras herramientas, distintas a las nuestras. El problema quizá sea el uso que hacen de ellas.

Como un fin, no como un medio. 

Estamos mandando un mensaje que no es bueno. Decimos que lo importante es manejar las nuevas tecnologías. Y no es así. Lo importante es pensar, saber lo que quieres y usar las herramientas adecuadas, por ese orden.

Si no, para empezar, otros piensan por nosotros. 

Es lo que ha provocado que Internet se haya convertido en la autoridad máxima. Cada año, paso la bibliografía correspondiente y les digo que allí sí están las autoridades. Y luego hay otro problema derivado…

¿Cuál?

El de la comprensión lectora. Siempre hago pruebas a los de primero y les pido que lean lo que han escrito y que me lo expliquen. Pero copian y pegan y ya está. Cuando escribes, no escribes para ti, sino para otro. La tecnología no es sabiduría.

Este soriano hablador, que ríe no pocas veces durante la entrevista, observa el mundo, en cualquiera de sus tiempos, tras unas gafas que nos permiten adivinar unos ojos pequeños y pacientes, fatigados por la lectura. Además de su labor docente, ha escrito una decena de libros y ha publicado más de cien artículos de investigación. Aunque tiraba hacia la Edad de Bronce, acabó decantándose por Numancia, la ciudad que asolasen las tropas de Publio Cornelio Escipión, nieto de aquel general que, según nos cuenta Polibio, llorara tras arrasar Cartago. Gracias a su equipo y a él, Numancia se ha convertido hoy un símbolo de Castilla y León, demostrando que la historia siempre está ahí, cerca de nosotros. Es lo que somos:

«La arqueología debe contestar a las preguntas del presente, dando luz a la actualidad. Esa unión entre pasado y presente es lo que, de alguna manera, ha marcado el proyecto de Numancia».

Naciste cerca de ella, en Soria…

Procedo de una familia de campo, humilde. Soy el primero de los seis hermanos que llega a la universidad, a costa del trabajo de mis padres y de mis hermanos mayores. Ese esfuerzo es algo que no olvido.

Ahora hay más comodidades, menos memoria. 

En este sentido, mi madre siempre tuvo claro, y creo que es una constante en muchas de las familias sorianas, que la formación era fundamental, pues daba la posibilidad de promocionarse en la vida.

Y quizá aún más en lugares como Soria. 

Bueno, soy de los que piensa que el soriano sabe que va a tener que salir. Por lo tanto, cuanto mejor preparado esté, más probabilidades tendrá de salir hacia delante.

¿Cómo fue tu infancia?

Muy feliz, una infancia de barrio, con los juegos de antaño. Entonces era muy viva la relación entre familias, pues entre todas se cubrían las necesidades. Es otra cosa que siempre tengo presente y que preside el quehacer de todo lo que hago. Vive en la indignidad aquel que no se preocupa por los demás…

¿Te gustaba la arqueología desde pequeño?

Tuve mucha preocupación por leer. Era monaguillo y aproveché la biblioteca de los franciscanos, en Soria. No sólo libros espirituales, sino también históricos, como, por ejemplo, Dioses, tumbas y sabios, de Ceram, que leí con diez o doce años.

Muy pronto…

Todo eso estaba marcando mi elección de futuro. Siempre tuve buenas notas en humanidades, especialmente en historia. El camino estaba ya fijado, casi desde los inicios.

Las vocaciones surgen así, poco a poco. 

A veces te das cuenta a posteriori, cuando lo reflexionas y ves qué tienes en el haber y en el debe. El ambiente de mi colegio era muy acogedor. Estaba abierto todo el año. Allí jugaba, leía, estudiaba…

Estudiaste la carrera universitaria en Zaragoza…

Que era donde me correspondía. Zaragoza ha marcado mucho Soria. Todavía se dice que es el mayor pueblo de Soria… Es donde más sorianos hoy.

Y en parte sigue siendo así. 

Eso responde a la característica rayana que tenemos. La provincia está ubicada geográficamente entre el Sistema Ibérico y el Central, a un lado está el Valle del Ebro y al otro el del Duero. Su historia también es rayana…

¿Cómo te fue en Zaragoza? 

Tuve mucha suerte, porque coincidimos alumnos muy interesados en la arqueología. Eso nos llevó a sacarle a la universidad todo lo que se podía y me permitió moverme con cierta fluidez por todo el espectro arqueológico…

Te tocó estudiar en un momento convulso.

Recuerdo las manifestaciones en Zaragoza… Eran años donde había mucha movilización y se perdían también muchas clases, lo que daba pie a que cada uno tuviera que preocuparse de la formación…

vía  Castilla y León – El Adelantado.

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