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Evolución y tecnología por Eudald Carbonell.

In d. Evolución humana on mayo 3, 2012 at 20:47

Homínido y herramientas

El inicio del comportamiento técnico en los homínidos es el inicio de un cambio en el comportamiento social que tendrá en el devenir de los primates humanos importantes consecuencias en su forma de adaptación. Tecnología versus humanización, una herramienta singular en la adaptación de los especímenes de nuestro género desde su emergencia hace 2,5 o más millones de años.

Pero ¿cuándo podemos hablar de tecnología y a qué nos referimos con ello? Esta cuestión no es difícil de dirimir. Cuando aludimos a los orígenes de la inteligencia operativa en primates humanos, sugerimos unos primeros pasos en la adaptación de algunos de estos, pero quizás sería más correcto poner sobre la mesa la capacidad de planificación y la modificación intencional de matrices a través de secuencias operativas con la finalidad de obtener objetos con potencial y capacidad de regular por interacción energía del medio.

Útiles y máquinas

En realidad, la tecnología es la adquisición  que jerarquiza, teóricamente, todas las técnicas y métodos utilizados para la transformación de materias primeras en morfologías y que son aptos para el  uso y el consumo de una población. La complejidad técnica acaba dando lugar al concepto de tecnología. De esta manera la ciencia constituye el constructor que explica la globalidad de los métodos y técnicas en la obtención de útiles y máquinas.

La técnica en la humanidad primitiva y más tarde la tecnología en las poblaciones de Homo sapiens acaba siendo la forma de adaptación primordial. Entender este proceso nos permite comprender a su vez, cómo la tecnología está ligada con el incremento de nuestra sociabilidad como humanos en el proceso de humanización. La progresiva incorporación de elementos técnicos para la construcción de objetos en las poblaciones de las diferentes especies, cambia sus relaciones sociales y se hacen más y más complejas.

La técnica acaba siendo la base operativa de las relaciones sociales y es en este sentido que el progreso técnico acaba convirtiéndose en progreso social por el aumento, primero gradual y después exponencial, de la inteligencia. Este proceso que se ha podido constatar históricamente nos sirve para entender cómo los humanos hemos acabado en esta maraña de objetos sin los que estamos desamparados.

La técnica hace a los primates más humanos y cuanto más humanos, más técnica, en un bucle de retroalimentación social imparable. Un humano ya no puede ser definido por sus características morfológicas, si no por un factor emergente nuevo e integrado que tiene que tener en cuenta el componente técnico antes, y tecnológico ahora.

vía elmundo.es.

 II

He pensado que hablar de tecnología y relaciones sociales nos puede ayudar a esclarecer correlatos de nuestra vida a nivel diacrónico, pues en la medida que el pensamiento y la acción técnica se convierten en proceso social sistemático, la elección tecnológica acaba por convertirse en factor fundamental de la supervivencia como género y especie.

Las relaciones sociales de producción constituyen el flujo de interacciones fundamentales en la cohesión y organización de los humanos en su proceso histórico. Una población debe producir sus medios de supervivencia de forma pautada y secuencial dado que si no existe esta sistemática, se pone en peligro la reproducción de la comunidad humana por discontinuidad.

En la medida en que un grupo de especimenes trabaja de forma social y, por lo tanto, conviven en un territorio, se produce la necesidad de convergencia de intereses para evitar que la selección natural actúe de forma negativa y destruya esta unida etológica y social.

La necesidad de cooperación en la producción de bienes de consumo, nos hace a todos necesarios en la cadena de acciones que desde la búsqueda de materias primeras en el entorno, hasta su elaboración o transformación y uso, debe realizarse para que la energía del ambiente sea regulada de forma positiva para que una población determinada disponga de capacidad de reproducirse.

Para hacer una aproximación marxista de la problemática que estamos desarrollando, podemos postular que la humanidad, al producir sus medios materiales en la forma que lo hace, construye una relación social interpersonal que acabará caracterizando lo que es socialmente el grupo.

Las formas de conciencia que pueden emerger de los procesos de reproducción de la vida material, deben ser entendidas como caminos y formas de diversidad de la capacidad humana de entender procesos asociados a la manera de ver y entender el mundo.

Las fuerzas que se disparan en la construcción social son consecuencia de la capacidad de conocer el espacio concreto donde se producen y reproducen las condiciones que han permitido a una comunidad continuar su estrategia adaptativa. Esto quiere decir, que las fuerzas de trabajo y las relaciones de producción se encuentran en la parte más alta del desarrollo tecnológico y que se retroalimentan de manera regular para que exista una continuidad histórica en estos procesos.

«Atapuerca nos ofrece datos sobre la existencia de una nueva especie»

La fuerza de trabajo que es necesaria para conseguir la elaboración de objetos útiles a través de la técnica, tiene sólo relevancia explicativa en el marco del desarrollo de las fuerzas productivas y las consiguientes relaciones de producción.

http://www.elmundo.es

III

Las adaptaciones biológicas endosomáticas dependen de las mutaciones y de los cambios que se producen en el medio, de manera que, o con parsimonia o con cambios más o menos abruptos y rápidos, los organismos se transforman para poder continuar existiendo. Este es el mecanismo básico de la adaptación a través de cambios y adquisiciones que definen la vida y muerte de los organismos en el planeta.

Por su parte, las adaptaciones a través de adquisiciones que necesitan un fuerte estrés exosomático se caracterizan por una nueva forma de acomodación que necesita interponer objetos entre la fisiología y el entorno para poder regular energía. Esto implica una aceleración de los procesos y nos introduce en otras dinámicas que darán singularidad a los organismos que las adopten.

Este es el caso de los homínidos, y especialmente de nuestro género, Homo, desde hace más de 2,5 millones de años. La variante adaptativa antrópica a través del desarrollo de habilidades distintas a la propia dinámica de la mecánica etológica nos dará la oportunidad de conocer una forma de ajuste muy especial y muy relacionada con la manera como hemos incrementado nuestra sociabilidad de forma exponencial.

La producción técnica de herramientas en los primeros momentos de una humanidad en construcción debe entenderse como una secuencia sencilla donde los especimenes se enfrentan a la transformación de la materia primera, las rocas, con una voluntad de construir elementos que les beneficien en su relación con el entorno.

La técnica nace en el momento en que un espécimen homínido es capaz de discriminar y utilizar materia primera y darle una morfología determinada a través de una secuencia de operaciones manuales. Este hecho, que parece en principio muy simple y asumible por toda una población, debió ser muy complejo y difícil. Ahora bien, la propia sociabilidad de los grupos primates, así como la capacidad de imitación de las crías en contextos que permanecen muy próximos, seguramente facilitó la extensión de dicho comportamiento hasta convertirse en un hábito totalmente colectivo.

Pero lo más importante y característico en el proceso de tecnificación humana es el aumento de acciones cotidianas que necesitan interposición de objetos para conseguir una finalidad. En la mediada que la adquisición de alimentos requiere una sistemática de secuencias con objetos, las relaciones intergrupales cambian al aumentar el número de secuencias y, por consiguiente, también varían las relaciones de obtención o producción de alimentos. Es decir, la necesidad de trabajar con objetos acaba imponiendo un modelo de relación social diferenciador y diferenciado.

http://www.elmundo.es

 IV

¿Cuáles fueron las presiones del entorno? ¿Qué cambios se produjeron hasta el punto de obligar a un organismo a encontrar mecanismos de adaptación e incorporar adquisiciones que hasta el momento no habían hecho falta? Intentaremos hallar alguna respuesta en las próximas líneas.

Experimentación con bifaces

Por supuesto, el organismo vivo que es capaz de formular una estrategia que no formaba parte de su proceso parsimonioso tiene que entrar en una situación de inestabilidad. En nuestra opinión, pudo producirse una situación de estrés que conllevó unos factores limitantes y gracias a la tecnología el organismo fue capaz de superarlos y de establecer otros. Es probable que este organismo no haya tenido que socializar las adaptaciones exomórficas bajo determinadas condiciones ambiéntales y sociales, pero en momentos críticos para su permanencia ecológica, sí que fueron necesarias.

Los cambios climáticos

Está claro que las alteraciones en el medio natural surgidas como consecuencias de los cambios climáticos son un factor primordial que obliga a transformaciones metabólicas en los organismos y a la búsqueda de maneras alternativas de adaptación y, por lo tanto, a buscar formulas nuevas de regulación energética desconocidas hasta el momento.

Las modificaciones nutricionales, como la incorporación de nuevos alimentos en la ingesta, necesitan nuevos conocimientos. En el caso de los humanos, esto se concreta con la capacidad de causar daños en las superficies de animales muertos o cazados para poder acceder a los tejidos internos.

También es necesario ser un individuo competente para encontrar alimento en el subsuelo y, por lo tanto, desarrollar una estrategia que nos haya capacitado para poder perforar superficies con palos cavadores u otros objetos apuntados. La combinación de recolección subaérea, aérea y consumo de carcasas o caza están en la base de los avances hacia la inteligencia operativa.

Obtener energía del medio

Así pues, el problema de la adaptación exosomática parte de la aptitud para generar catástrofes en superficies, en la perspectiva de obtener energía del medio y continuar la supervivencia de la especie. Esta es la clave que puede explicar la adaptación a través del desarrollo de una necesidad de transformación hacia ecosistemas cambiantes.

Generar propuestas nuevas y saber metabolizarlas es una habilidad en la que convergen, en el caso de los humanos, conocimiento y pensamiento. De esta manera, nos preparamos para encontrar soluciones que nos permitan sortear nuevas dificultades. Esta presión individual se vuelve colectiva en la medida en que ningún espécimen tiene por si sólo suficiencia para poder salir de la presión a que es sometido.

Esto no descarta que, como ya hemos planteado, un espécimen encuentre una solución determinada que al ser socializada acabe dando luz a un planteamiento empírico o a una adaptación que de respuesta a la crisis adaptativa.

V

Desde nuestro punto de vista, cuando una adaptación a través de adquisiciones se hace secuencial y sistemática, nos encontramos con lo que es consustancial en la estructura. La recurrencia y la redundancia nos indican caminos en los que la interacción funciona y, por lo tanto, ésta tiene un valor adaptativo primordial. Como consecuencia, da paso a nuevas formas de organización, tal y como vamos manteniendo en nuestro discurso a lo largo de esta serie.

Precisamente, lo que nos interesa es cómo determinadas emergencias son socializadas y contribuyen de manera estratégica a la construcción de estructuras con alta sociabilidad. Nos referimos siempre a las que han sido o son claves en el desarrollo de nuestro género, y que han estado protagonizadas por las distintas especies que nos han precedido, y así hasta llegar a nuestros días.

La necesidad de progresar se encuentra en la base de una necesidad de adaptase a los cambios tanto endógenos como exógenos. Este principio es el que explica el por qué adquisiciones individuales pasan a ser colectivas y, finalmente, sociales, de género y de especie.

De otro lado, nos interesa tanto explicar cómo se produce la emergencia como la socialización o no de la misma, pues los dos extremos del proceso son los que nos muestran una trayectoria evolutiva y nos ayudan a comprender cómo se produce y desarrolla un fenómeno que puede cambiar las vidas de los organismos vivos.
Fuego De los grandes procesos de adaptación, y que son recurrentes en nuestro discurso, la producción de herramientas y el descubrimiento del fuego por los homininos, constituyen paradigmas explicativos de nuestra complejidad social como género como y especie.

Es en este contexto empírico donde disponemos de elementos de análisis que nos posibilitan entender de manera analítica cuáles son esas estructuras de base que hacen cambiarlo todo de manera rápida o lenta, dependiendo de las situaciones ecológicas e históricas.

En este proceso, además de las adquisiciones que hemos citado, existen muchas otras, pero no poseen el mismo valor operativo y, por lo tanto, tienen, a nuestro entender, una influencia menor en las transformaciones y la erupción de otras posibles emergencias. Saber discriminar cuáles tiene valor estructural y cuáles no, nos ayudan a situar la técnica en su justa mediada en el proceso de evolución de la humanidad.

 VI

Para la producción exosomática intervienen una serie de conocimientos ligados a los sentidos imprescindibles para la consecución de la finalidad. Hacen falta la experimentación parsimoniosa, el desarrollo de actividades mecánicas y el pensamiento abstracto. Sólo así se pueden desarrollar técnicas y métodos que intervengan socialmente en el incremento de complejidad de los grupos.

La observación nos ha permitido ver como jóvenes primates golpean un objeto contra otro, con la finalidad de alcanzar perfeccionamiento mecánico, a la par de producir ruido y llamar la atención. Seguramente, sin esta actividad de base no se hubiera producido la secuenciación por percusión.

El uso de las dos manos para golpear objetos, necesita de una precisión que sólo la vista nos puede dar, y de una coordinación que sólo el cerebro puede controlar, con lo que el movimiento manual, la vista, el sonido y la coordinación cerebral son básicos para la construcción de códigos morfológicos o herramientas de manera sistemática.

Esta actividad llevada a cabo de manera redundante acaba excitando los sistemas neuronales y mecánicos, dando lugar a la destreza y a la abstracción en los procesos operativos. La reiteración estimula los centros de la memoria y de la actividad, así como todos los centros motores que necesitan ser informados para llevar a cabo esta práctica.

Bifaz tallado por un experto

Los códigos morfológicos artificiales o lo que es lo mismo, las herramientas de piedra, constituyen una parte importante de nuestra identidad como género. Desde que se generaron los primeros, hace más de 2,6 millones de años, hasta hace unos pocos miles de años, han constituido una base importante de nuestro sistema artificial de adaptación en el planeta.

No podemos prescindir de este substrato si queremos entender los métodos de trabajo y las técnicas que los hacen posible. Si pasamos por alto esta actividad de secuenciación en los orígenes de nuestra cultura, seguramente no seremos capaces de explicar el por qué aumenta tanto, y últimamente tan deprisa, la complejidad en nuestro sistema de convivencia.

Es preciso conocer cómo los primeros gestos para producir un filo cortante –una de las líneas de investigación que desarrollamos en el IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social) pueden ser tan importantes en la emergencia posterior de la conciencia. Esta es la cuestión que tenemos que ir investigando.

http://www.elmundo.es

VII

La relación que se establece entre descubrimiento y generalización por lo que respecta al uso de herramientas tiene, como muy pocas otras adaptaciones, un valor estratégico de primer orden.

Parece obvio que las técnicas, desde un punto de vista de la tecnología, han tenido un éxito evolutivo incontrovertible; nadie discute esto. El problema es ver cómo se ha alcanzado el nivel de redundancia y cómo se ha sido evolutivamente tan perseverante hasta alcanzar la complejidad de los actuales sistemas tecnológicos. Cabe pues preguntarse cuál es la forma de retroalimentación, el mecanismo que devuelve al sistema la energía que gastan.

Integrar un proceso técnico en el marco de las relaciones sociales significa encontrar un nuevo camino para hacer lo mismo, pero con menos desgaste de energía, o la posibilidad de hacer algo distinto o desconocido hasta el momento. La capacidad de generar una catástrofe en la piel de un animal muerto con un cuchillo afilado desafía de entrada la biología humana.

Pero ¿que obtuvieron nuestros antepasados hominidos en África la primera vez que lo pusieron en práctica? Algo muy importante: tener acceso a los tejidos blandos de animales y la posibilidad de consumir proteína de una manera más elegante y fácil. Sin duda, fue una ventaja que los acercaba a los grandes depredadores.

Gracias a la aplicación de la técnica de la talla, o reducción de matrices de piedra, consiguieron entrar en una categoría de consumidores que antes les resultaba muy complicada. Una vez adquirido el hábito esto hizo incrementar la cantidad de proteína animal que querían injerir.

Como hemos dicho, con los diedros de piedra pudieron generar catástrofes en superficies de manera eficiente y de este modo operar como nunca antes lo habían hecho. Adoptaron una nueva forma de ver la alimentación animal en su entorno, lo que modificó también sus hábitos y propició, por lo beneficioso que era, una nueva forma de relación entre los especímenes de una población y su entorno.

Además de competir por las carroñas ahora era capaz de competir por animales de todo peso y tamaño, solamente le faltaría cazarlos, cosa que ocurrió a partir de Homo ergaster, hace más de 1,7 millones de años. Sin duda, un gran avance social propiciado por el progreso técnico.

Más info sobre Eudald Carbonell

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