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Efemérides del 15 de mayo. De la momia de Crohan al primer vuelo tripulado de la historia.

In Efemérides on mayo 14, 2012 at 22:42

El 15 de mayo de 2003 encuentran en irlanda la segunda momia de Crohan en un pantano. Una de muchas que se han conservado desde la Edad del Hierro y grancias a un sistema químico complejo.

Un equipo de arqueólogos británicos confirmó el hallazgo en Irlanda de dos cuerpos humanos preservados 2.300 años, cuyos tejidos quedaron intactos porque se encontraban en un milenario lodazal.

Los cuerpos de la Edad de Hierro, pertenecientes a dos hombres de edad adulta, se conservaron aplastados y momificados debido a que los tejidos no se descompusieron con el tiempo por encontrarse en un lodazal.

Además, se informó que esos cuerpos bronceados por el proceso químico del lodo habrían sido víctimas de un sacrificio ritual, ya que muestran señales de torturas antes del momento de la muerte.

El lodo permitió que los cuerpos se mantuvieran a temperaturas más frías, con sustancias ácidas y sin oxígeno, que impidieron el crecimiento de bacterias y gérmenes.

El hallazgo, que fue dado a conocer por el programa televisivo Timewatch de la BBC, ocurrió en febrero y mayo de 2003 en dos pantanos cercanos a los pueblos de Clonycavan y Croghan, a pocos kilómetros de la capital irlandesa de Dublín.

Trabajadores que construían una tubería de cloacas hallaron el primer cuerpo en Clonycavan, y el segundo en Croghan, ambas localidades separadas por una distancia de pocos kilómetros.

Debido a lo bien preservados de los cuerpos, en un principio se creyó que se trataba de dos personas asesinadas recientemente y se llamó a la Policía local, aunque análisis de radiocarbono comprobaron más tarde la verdadera edad de la pareja y pasaron el caso a los arqueólogos.

A uno de los cuerpos le faltaban varias partes, entre ellas la cabeza, las manos y partes del abdomen, probablemente cortados por la maquinaria de caminos que lo desenterró, mientras que el segundo presentaba lesiones en el cráneo, el pecho y estómago.

Los hombres de “Old Croghan”, como fueron llamados por los científicos, fueron entregados al Museo Nacional de Irlanda, en Dublín, donde están siendo estudiados por especialistas.

“Lo maravilloso de este descubrimiento, es que este tipo de lodo o ciénaga donde estaban los cuerpos los preservó casi en su totalidad durante miles de años. Este proceso es conocido como ‘cocinado lento’, ya que deja a los cuerpos en marrón oscuro”, declaró a la BBC el productor de Timewatch, John Hayes-Fisher.

Según los análisis químicos, el hombre de “Old Croghan”, de sólo 1.50 metros de altura, se alimentaba de una dieta rica en vegetales, aunque comía abundante carne, leche de cabra y cereales.

También se descubrió que peinaba sus cabellos con un tipo de gel aceitoso y resinas que extraía de plantas originarias del suroeste de Francia o España.

Uno de los científicos que participó del reconocimiento, el doctor Don Brothwell, de la Universidad de York (Inglaterra), había investigado en el pasado al llamado “Hombre Lindow”, un cuerpo de 2.000 años descubierto en un lodazal en Cheshire, en 1984.

Además, el equipo de expertos utilizaron tecnología digital para reconstruir los rostros distorsionados de los cuerpos.

Ned Kelly, del Museo Nacional de Irlanda, indicó por su parte que el hallazgo del hombre de “Old Crogham”, revela datos importantes sobre por qué se realizaban entierros en perímetros políticamente importantes.

“Todo indica que estos lugares de entierro funcionaban como ofrendas a los dioses de la fertilidad de parte de los reyes, para asegurarse un reinado exitoso”, explicó Kelly.

“Los cuerpos fueron hallados en los perímetros de tierras reales o tribales para asegurar también que ese reinado disfrutara de un año abundante en cosecha de cereales, y en la ordeña de leche”, concluyó.

Efemérides del 15 de mayo

Siglo XVIII. Primer vuelo de la humanidad conocido en un pueblo de Burgos.


Diego Marín Aguilera, el mayor de ocho hermanos, hijo de Narciso y Catalina, fue un pastor que pasó años contemplando el vuelo de las aves y deseando surcar los cielos como ellas. Mecánico habilidoso, era capaz de reparar cualquier cosa, por lo que no era extraño que fuera requerido para arreglar, o incluso mejorar, diversos molinos y batanes, además de inventar artilugios para serrar mármol y tratar lino. Toda su experiencia con máquinas le sirvió para idear un aparato volador capaz de marchar contra el viento. Tras muchos años de estudios y pruebas, construyó una especie de águila gigante, con alas de más de dos metros hechas con varillas de hierro y cubiertas con plumas en una disposición similar a la que habían contemplado en las aves.

Las alas estaban provistas de un sistema articular que permitía controlar la nave, que constaba también de un remedo de fuselaje de madera, en el que se acomodaría el piloto, capaz de controlar las articulaciones de las alas y de la cola por medio de manivelas y estribos. Hay que descubrirse ante tal ingenio, verdaderamente adelantado a su tiempo, una genialidad que no pudo haberse basado en nada anterior, ya que no hay constancia de que nadie hubiera llegado tan lejos en el arte del vuelo con máquinas más pesadas que el aire hasta entonces. Si acaso, pudiera haber contemplado algún grabado o dibujo de Leonardo da Vinci, pero incluso esto es poco probable.
Los documentos de la época dan fe de que, la noche del 15 de mayo de 1793, Diego Marín saltó desde un risco del pueblo de Coruña del Conde, vestido con traje emplumado, pilotando su gran águila. Su confianza en el éxito de la empresa era completo, estaba convencido de que podría llegar incluso hasta El Burgo de Osma, en tierras sorianas, volando.

Contemplaron la hazaña, y narraron el hecho como tal, un amigo del piloto, de nombre Joaquín Barbero, y su hermana. En contra de lo que pudiera parecer lógico, el aparato no cayó en picado al saltar sino que voló con suavidad y sin problema alguno, llegando Diego a controlar el rumbo tal y como había pensado, accionando los mecanismos de dirección del aparato. Pero, por desgracia, las piezas metálicas que tan esmeradamente había unido el herrero del pueblo siguiendo las instrucciones del aviador no fueron tan resistentes como hubiera sido necesario.

Uno de los pernos metálicos en una articulación saltó de su posición cuando la nave había recorrido ya casi cuatrocientos metros desde el lugar del salto. Por fortuna, Diego Marín aterrizó con cierto esfuerzo en un terreno cercano. Temiendo lo peor, corrieron ladera abajo Joaquín, su hermana y el herrero, que finalmente se había decidido a contemplar cómo el artilugio en el que había trabajado durante semanas volaba. En medio de la noche, Diego Marín se encontraba gritando con gran enfado, acordándose entre improperios del herrero y del maldito perno del ala derecha que había puesto fin a su viaje. El siguiente paso estaba decidido, había que reparar el gran águila para volver a intentarlo, pero tal viaje nunca se llevó a cabo.
¡Cosa de brujas!


La hazaña de Diego Marín sucedía en pleno siglo XVIII, así que no habrá que imaginar demasiado para comprender la reacción del pueblo cuando se enteró de tan extraño asunto. Tal y como relató Eduardo de Ontañón en el texto que ha servido para dar comienzo a este artículo:

Bien el ruido del aparato, o la indiscreción gozosa del herrero, o el atisbar constante desde las pequeñas ventanas del pueblo, tenía despiertos a los buenos coruñeses condales, que de seguida atravesaron el puentecillo romano que separa el pueblo de las huertas y rodearon la extraña escena, a la luz de la luna. El raro aparato, su jinete vestido de plumas, el vuelo, la luna, la noche, todo les llenó de fantástica imaginación. “¡Cosa de brujas!”, dijo alguno. Y, como dados de habla, todos cayeron sobre el armatoste de plumas y hierro y lo destruyeron a la vista de su autor.

Recién nacido el siglo XIX, cuando la humanidad empezaba a contemplar con seriedad la posibilidad de volar, pocos años después de haber realizado su único intento de surcar los cielos, falleció Diego Marín, en medio de una profunda depresión y tristeza desde aquella noche. Sus vecinos convirtieron la gesta en motivo de burla, no se le permitió reparar su querida águila mecánica y, entre el miedo supersticioso y la ignorancia, el sueño de un pastor castellano genial, terminó sepultado en las brumas del tiempo, mientras las enciclopedias y los libros de historia recuerdan a otros grandes nombres de los inicios de la aviación que, en ambientes más favorables, lograron dar forma al sueño de volar como las aves. Hoy, tras más de dos siglos en el olvido, renace el recuerdo de Diego Marín para dar nombre a un centro de enseñanza burgalés y, a modo de sentido homenaje, en el lugar desde el que voló este pionero, el Ejército del Aire español ha levantado un monumento al primer aviador español en forma de avión reactor Lockheed T-33 Shooting Star.

vía http://www.alpoma.net

fotos: http://fonito.blogspot.com.es

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