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¿Cuales son los juegos prehispánicos más antiguos?

In 9-Prehispánico on mayo 15, 2012 at 21:14

¿A qué y con qué jugaban los niños prehispánicos y novohispanos? Esta es la historia de los objetos que hoy son antigüedades codiciadas por coleccionistas

En una época en la que los juguetes cobran vida, hablan, caminan, se mueven; en donde el uso del objeto está sujeto a la programación electrónica con el que fue diseñado; en donde la experiencia del juego es más virtual, a veces exenta de toda convivencia con otros niños, los juegos y juguetes tradicionales han sido relegados a curiosas antigüedades, a objetos de colección e incluso se les ha llegado a considerar actividades aburridas.

 

En este día, en el que la mayoría preferirá un videojuego o la muñeca de moda antes que aceptar un balero, un trompo de madera, la muñeca de trapo o de cartón que hoy se venden como artesanías, ofrecemos un recuento histórico de los juegos y juguetes que divirtieron a los niños de las épocas prehispánica y novohispana.

 

Según los historiadores, hasta ahora existen pocos registros que documenten la existencia de artefactos como juguetes prehispánicos. De los pocos casos que se conocen y que se han encontrado en excavaciones arqueológicas destacan algunas pequeñas figuras zoomorfas de cerámica dotadas de ruedas, trastecitos, muñequitos y muñecas articuladas, vasos silbadores, sonajas y silbatos, así como pelotas de hule. Sin embargo, se trata de artefactos que por el contexto en que han sido localizados se les ha atribuido un uso ritual.

“Se considera que los silbatos que se han encontrado en entierros prehispánicos eran para divertir a los niños pero no es así. El origen es que cuando moría un niño y lo sepultaban, otros niños iban al frente de la gente que acompañaba al difunto silbando, para espantar a los malos espíritus. Ahora tenemos los silbatos para jugar, para acompañar partidos de futbol o para que los niños los usen en las fiestas de cumpleaños. Es una pieza tradicional, y en su momento también lo fue, pero con un sentido distinto”, dice Elena Vázquez y de los Santos, responsable del área de investigación de arte popular de la Dirección General de Culturas Populares (DGCP).

 

La antropóloga no descarta que los niños prehispánicos hayan tenido juguetes para divertirse, los cuales posiblemente fueron elaborados con materiales frágiles o perecederos, por lo que no se conservaron vestigios de ellos. Es el caso de las muñecas pames, elaboradas con palma y cabellos de maíz, que se siguen produciendo en la región de la Sierra Gorda, estados de San Luis y Querétaro. Según los habitantes de la zona, explica Vázquez y de los Santos, estas muñecas se han realizado desde siempre; dice que es una tradición de sus antepasados. Sin embargo, por lo perecedero del material, no hay vestigios para determinar su antigüedad.

 

Sincretismo cultural

 

De la época novohispana, algunos juguetes tienen su origen a partir de las conmemoraciones religiosas que introdujeron los misioneros españoles. Entre otros, las matracas de madera y las sonajas que se hacían sonar el sábado de Gloria, así como los muñecos con figuras de Judas que se quemaban en Semana Santa; de los Jueves de Corpus provienen las “mulitas”, hechas con hojas de maíz secas y varitas de campo. De la creación de estas “mulitas” surgió también el ingenio de las piezas en miniatura: “Los juguetes chicos, ollas, casuelas, platos, todo lo que hacían en Jueves de Corpus era para regalar a los niños y los usaban para jugar, incluso como sonajas”, dice la antropóloga.

 

Otros juguetes son resultado del sincretismo cultural, de la mezcla de diseños y materiales de dos mundos. Es el caso de los muebles con trasteritos de porcelana, traídos desde Europa; en México las niñas comienzan a desplazar las piezas de porcelana por las figurillas de barro que los artesanos realizaban. En los mercados de la Nueva España ya no sólo era posible conseguir figurillas de barro o madera, sino también alfeñiques, papel de china para papalotes, muñecas europeas de porcelana, soldados de barro o plomo, caballos de madera.

 

Entonces llegaron el trompo, la pirinola, las canicas, los yoyos, los baleros, objetos que poco a poco fueron convirtiéndose en auténticos juguetes tradicionales mexicanos. Sobre estas piezas Elena Vázquez y de los Santos comenta que lo que las caracteriza y hace mexicanas son los colores variados y hasta geométricos: “No son exclusivos de México porque en otros países se utilizan, pero aquí van adquiriendo características propias de nuestra identidad y de la creatividad del artesano que los fabrica”, dice.

 

Entre los juguetes tradicionales se encuentran también las muñecas de trapo, que son resultado del ingenio de los padres que al no poder adquirir una de porcelana, idearon la manera de crearles a sus hijas una muñeca parecida, con los materiales que tenían a su alcance. Como reflejo de las condiciones de un grupo son consideradas también las muñecas Hñahñu u otomí, que en su vestimenta representan a las mujeres de esa etnia. “La visten como ellas, con faldas amplias y bordadas, con un bebe cargando, es una muñeca, que usan para jugar pero están hechas a imagen y semejanza de ellas”, dice la antropóloga.

Convivencia y destreza

 

A la par de los juguetes, se encuentra una gran variedad de juegos -algunos con orígenes rituales como el de pelota o el “patolli”-, de destreza mental o de resistencia física que se practicaban desde la época prehispánica y que sobreviven en algunas comunidades indígenas.

 

Su importancia, explica Vázquez y de los Santos, radica en que se trata de juegos que crean en los niños una tradición de convivencia con su entorno y con su comunidad.

 

Para Minaluaztekatl Vázquez Hernández, miembro del consejo directivo de la Confederación Deportiva Mexicana (CODEME), el juego más antiguo y conocido en Mesoamérica es el de pelota. La abundancia de los campos de juego localizados en cientos de zonas arqueológicas, dice, demuestra que era una actividad importante.

 

El también integrante de la Federación Mexicana de Juegos y Deportes Autóctonos y Tradicionales A. C., dice que existe un variado inventario de juegos con origen prehispánico que se siguen practicando y se conservan por tradición oral. Entre otros destaca, el juego de la pelota purépecha de piedra, madera y trapo; o la Rohueliami, una carrera practicada sólo por mujeres tarahumaras que desde niñas recorren entre cuatro y ocho kilómetros enganchando y arrojando un aro con una vara, e incrementan las distancias conforme a la edad.

 

Hay también juegos de destreza mental, como el de Quince o Romayá, practicado en Chihuahua o el ancestral Juego del Patolli, que se practica en zonas de Milpa Alta y en Morelos;que consiste en un tablero con varias casillas o carriles y el objetivo es hacer avanzar las piezas por las casillas de acuerdo al puntaje marcado por semillas, que en la época prehispánica eran frijoles pintados con puntos que tenían una función similar a la de los dados.

vía Los juguetes 

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